Salvo para algunos pocos que cogen vacaciones en septiembre, para la gran mayoría, las vacaciones, o se han terminado ya o están a punto de hacerlo.
Si eres de los que se han mantenido activos entrenando en verano, enhorabuena. El verano, como ya comenté en entradas anteriores, es época de reducir kilometrajes e intensidades, y aprovechar para hacer trabajo adicional de fuerza, puesto que, una vez llega el otoño, el número de kilómetros semanales y las intensidades de entrenamiento van aumentando de cara a estar a punto para nuestros objetivos, y llevar en las piernas un adecuado trabajo de fuerza minimizará el riesgo de lesión cuando haya que correr más tiempo y ocasionalmente más rápido.
Cierto es que en RunningDC no abusamos de los entrenamientos de alta intensidad, puesto que considero que hacer demasiadas sesiones a tal nivel de esfuerzo supone un gran riesgo de lesión frente a los posibles beneficios que esos entrenamientos conllevan.
Sin embargo, el verano es buena época para meter un entrenamiento a ritmo controlado con cierta regularidad, por ejemplo, cada 10 días, a una intensidad que, si bien no es muy alta, sí es lo suficiente como para suponer un estímulo de mantenimiento de forma. Hablamos de esfuerzos cercanos a umbral láctico, pero sin llegar a sobrepasarlo. Ya cuando se aproxime el otoño «afinaremos» con entrenamientos a intensidades superiores, pero, como ya he dicho, sin abusar de ellos. Con un entrenamiento de este tipo cada 10-14 días, para un corredor popular, es más que suficiente. Esto, junto con rodajes suaves y ritmos controlados sub-umbral en la combinación adecuada, nos pondrá «a punto» para esas competiciones otoñales.
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